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Lágrimas de felicidad

Feb 22, 2018

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Sentir amor era un tópico que pasó a un segundo plano cuando decidí disfrutar cada momento o persona que se pusiera en mi camino sin tener nada más que el presente próximo y lo que su devenir atrajera para cada momento.

A decir verdad, olvidé lo que era estar enamorada y como no se añora lo que no se tiene, de la misma forma ni mi corazón, ni mi alma, ni mi memoria, en aquellos tiempos extrañaron al amor y la magia que nos rodea cuando caemos en la fabulosa hipnosis que produce el estado de enamoramiento.

Pasión y deseo eran lo que quería para mi vida, quería sentir que la piel ardía solo por el roce, solo por el beso apasionado y sin pudor, solo por el éxtasis erótico del sexo sin inhibiciones, sin preguntas y sin anhelos de que en el futuro los orgasmos se compartieran con alguien en particular.

Así sacié mi deseo de vivir sin sentir que podía existir algún sentimiento que pudiera aferrarme y cortar mi vuelo.

Esta situación era sostenible hasta cuando sentía mas soledad que deseo, es cierto, yo había decidido ser libre y ser consecuente con la libertad en muchos casos nos aleja de nuestra naturaleza social humana.

No niego que los momentos de éxtasis fueron reconfortantes y lograron anestesiar el corazón, pero óigase bien: solo anestesiar, a fin de cuentas el tan sonado musculito es el responsable de que estemos vivos y podamos sentir la brisa suave de la mañana, eso sin contar con las múltiples encrucijadas en que nos pone cada vez que decide no solo mantenernos vivos y bombear sangre a través de nuestro cuerpo sino que se empeña en enamorarse, como sino fuera difícil de por si, ocuparse de que no caigamos sin un aliento de vida en caso de que decida dejar de latir.

Resulta irónico, dependemos del corazón para casi todo y el costo que asumimos es que él guía nuestros actos; por temporadas nos da libre albedrío y durante esas épocas en las que toma vacaciones nos sentimos fuertes, brillantes y hasta valientes, que ilusos somos, su supuesto paro no es mas que una trampa para darnos a entender que por mas que nos esforcemos, no podremos ser felices sin escucharlo y sin sucumbir a los mandatos del único código que conoce y es el código del amor.

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Mi corazón, estaba de paro y yo me la pasaba de maravilla, el presente era mi mayor tesoro, cada segundo era un don que tenía que aprovechar al máximo, los amantes asechaban mi camino y ninguno volvió con las manos vacías a casa… no puedo quejarme, viví grandes momentos y conocí personas valiosas.

Con el tiempo empecé a sentir que me rodeaba de personas valiosas pero que no tenía mucho que ofrecer, si solamente les permitía acercarse por momentos que podían ser el último.

Lo que antes era una nueva experiencia se fue convirtiendo en una posible despedida, vivir el presente implica no pesar en el futuro ni mucho menos permitirse vivir una ilusión y en caso de que eso suceda las ilusiones no pasan de ser eso porque no pueden compartirse con quien quisiéramos consumarlas es cierto que por mi forma de ser tampoco soy amiga de promesas vanas, o de decir te quiero cuando no lo siento como tampoco jurar amor eterno, creo que las promesas, el cariño y aún mas el amor son tan sublimes que no merecen ser expresados si en realidad no se van a cumplir o cuando no se sienten.

Con la vida y con las personas que alguna vez han estado cerca de mi corazón, aprendí que el amor nace desde el alma y como fuerza creadora no se puede amarrar, restringir ni encerrar, a veces amar implica abrir puertas y ventanas, comprar tiquetes de avión e incluso hacerse a un lado para que el ser amado encuentre la felicidad y el amor para él.

El amor es como el aire, siempre nos rodea, pero no hay manera de aprisionarlo y en esta ocasión el corazón decidió latir con fuerza para reclamar el amor que se le había negado, estaba de vuelta de su viaje de vacaciones y no escatimaría esfuerzos para de nuevo latir en sintonía de amor.

En ese momento mi corazón y yo empezamos a negociar, yo quería hacerlo entender que el amor era una opción difícil, que recordara los golpes que ya nos habían dado y todo lo mal que lo habíamos pasado, que recordara que ni atravesar el mundo era suficiente para sanar una pena de amor, ante lo que Él argumentaba que tampoco era muy diferente negarse al amor y vivir el presente, lo que en ese momento tenía era plena libertad, muchas experiencias, pero igualmente el precio era la soledad y el desapego y según su concepto era la misma sensación que se tenía ante una pena de amor, con la diferencia de que al menos en la pena de amor había a quien añorar y a quien desearle un buen viaje, pero en mi posición de libertad ni eso tenía, debo reconocer que en eso el corazón tenía razón.

Extrañamente estuvimos de acuerdo mi corazón y yo, ahora teníamos otra lucha pendiente y era reconocer que el amor estaba dentro y que yo había hecho hasta lo imposible para ignorarlo aunque de tanto en tanto golpeaba la puerta y yo me hacía la loca, me moría de miedo al sentir lo que sentía e imaginarme que siempre tendría que guardarlo para mi, huía de mis propios sentimientos y buscaba todas las excusas para no afrontar la realidad estaba enamorada y nada de eso podía cambiar.

Con el tiempo pude entender que no me daba miedo enamorarme, mas bien lo que me daba miedo era admitirlo, pues me había prometido no recaer en el amor…

Como toda recaída, ésta pego fuerte, el corazón ya estaba de nuevo mandando, hecho bastante problemático porque su razonamiento es poco cercano a la lógica por no decir que es bastante tonto cuando de amores se trata… en esta ocasión al parecer las vacaciones que se tomó lo oxigenaron y como pocas veces estuvimos de acuerdo en trabajar en equipo, el se ocupaba de los sentimientos y de la intuición y yo pensaba como resolveríamos el tema de estar enamorada sin tener seguridad de que para ese momento mi amor podía ser correspondido.

En esta ocasión y por cuenta de mi aprendizaje, ya no me asustaba sentir amor y enfrentar el hecho de no ser correspondida, a fin de cuentas ya había aprendido que la soledad con amor era mejor que sin él, así que por ahora me sentía feliz de saber que no se había muerto en mi alma la capacidad de amar que tanto me había esforzado por acabar y ahora viviría lo que sentía costara lo que costara; estaba enamorada y eso era lo único que importaba, dejaron de interesarme las aventuras pasajeras porque ya no llenaban mi necesidades, mi alma reclamaba que luchara por el amor, estaba vacía y sentía que la inspiración me había abandonado.

Durante un tiempo estuve pensando en mi, en mis necesidades y supe que tendría que descubrir si mi amor tenía un buen augurio o por el contrario estaba predestinado a estar latente pero no salir del capullo como la mariposa luego de la metamorfosis.

En el transcurso de mi introspección, descubrí que te amaba mas allá del sexo y del tiempo, descubrí que te amaba por encima de los convencionalismos y de los tabúes, descubrí que podía amarte sin pedirte que me ames, descubrí que podía amarte estando cerca o lejos, incluso sabiendo que otros amores tocarían tu puerta, descubrí que te amaba por encima del bien y del mal, descubrí que al amarte me sentía libre y que podía volar como pétalo impulsado por el viento.

Todo estaba claro para mi, ahora a esperar un acercamiento a ti, hacía ya tiempo que no nos veíamos y estaba complicado aparecerme en tu vida como si nada fuera, la última vez que nos habíamos visto estaba ya en el pasado y ahora tenía pocos pretextos para acercarme.

Sin estar buscándola, la oportunidad apareció de la nada, reapareciste a proponerme que tuviéramos unas vacaciones juntos y vaya propuesta la que me hiciste un mes en lugares que muchos anhelan conocer, difícil decir que no, pero igual en este momento conocer el mejor lugar del mundo no era lo que yo quería, lo consulté con el corazón y con la razón , teniendo como resultado que aunque era muy estúpido hacer a un lado la oportunidad de ver el mundo con buena compañía prefería decir que no, porque el corazón no garantizaba ser imparcial sin contar con que me advirtió que no podría reponerse al retorno de un viaje que podría resultar maravilloso para de nuevo adaptarse a estar solo y a ello se sumaba el hecho de que nada se había mencionado de amor en tu propuesta de viajar juntos…

Tal como te lo dije en esta ocasión no podría hacer un viaje de turismo sexual, así que te alenté a buscar otra compañía para ese viaje… hecho que me entristecía mucho, pero que era preferible a irme a reprimir lo que sentía, para luego volver y retomar la vida como si nada hubiera sido, yo de verdad quería que tu viaje fuera maravilloso y si eso implicaba que estuvieras con otra persona que no fuera yo así sería…, a fin de cuentas era yo quien me hacia a un lado, lo bueno de decirte que no, estuvo en que abiertamente reconocí que me importabas mucho y que ya no podría fungir de amante casual sino que si volvías a mi vida romántica sería por algo mas fuerte que pasión y deseo.

Antes ya me habías dicho que me amabas, sin embargo cada uno estaba en su camino y por ese trasegar no se presento el chance de explorar como sería amarnos y no solo ser amantes.

Ahora yo lo tenía muy claro lo que quería para mi era: tu amor, tu alma y tu cariño y este anhelo iba mas allá de nuestros seres corpóreos, es cierto que tu tacto y tus caricias me ponían en el cielo, sin embargo lo que mas deseaba era que me amaras por fuera del deseo y de la pasión.

Deseaba que ese amor que yo sentía en cada parte de mi ser, tuviera en ti un espejo que reflejara una imagen única de color, olor y sabor a amor. Sabor amor trascendental, sabor a amor del alma y sabor a amor que es capaz de hacer a un lado el ego y el ansia de posesión.

La rueda de la fortuna giró en llamas de fuego, la vida era maravillosa, porque pude ver mi imagen en tu espejo y el brillo que se desató fue enceguecedor para mis ojos, pero aclaro mi alma.

Fue así como al ver tu mirada y sentir tus caricias, volví a sentir que mi ser se renovaba y se llenaba de energía, el amor me hacía vivir un estallido cósmico y me hacia sentir tan tuya pero a la vez tan dueña de mi, que habría muerto en cada instante en que podía sentir cada explosión de amor saliendo de mi alma e inundando mi corazón y todo mi ser.

Ya no solo yo sentía amor sino que sabia que ambos lo sentíamos y que brotaba por nuestros poros como halos de esperanza.

Y ahora esperaba el momento de fundirnos en amor como humanos que somos, toda mi piel necesitaba la cobija de tu piel y la caricia de tus besos, mis besos querían brotar a montones para cubrir tu piel y mandar a tu alma un mensaje de amor.

Sentir este amor me hace sentir más mujer que la más deseada del mundo entero, sentir este amor me hace sentir la mujer más apasionada y erótica que la propia venus en sus incursiones por el olimpo.

Mi cuerpo se sentía tan tuyo y reclamaba que su dueño tomara posesión de lo que era suyo y que nadie le pudo arrebatar ni aún habiendo vivido momentos de máxima lujuria y pasión.

Necesitaba entregarte mi ser y mi cuerpo, luego de haberlos guardado por bastante tiempo a la espera del toque del amor.

De nuevo volvimos a estar juntos, sólo que ésta vez la pasión y el deseo estarían empujados por el amor correspondido que ambos habíamos cultivado para reconocer si era verdadero.

Quería despojarme de toda mi ropa y que el traje para mi cuerpo lo hicieran tus besos y tus caricias, mi piel esperaba que tu piel la cobijara con un manto de pasión, deseo y amor, mis senos estaban ansiosos por sentir tus caricias y tu lengua sobre ellos, mi sexo estaba dispuesto a ser una gruta para que tu miembro acudiera a saciarse con los jugos que de ella brotarían.

Con cada caricia que te diera deseaba que sintieras que te amaba desde el alma y que te deseaba como al más preciado de los tesoros, tocaba tu cuerpo y sentía como me deseabas como el don mas apetecido.

El corazón estaba alborozado y latía profusamente, la energía erótica debía alimentarse porque en ese momento lo que sentía era que el cielo estaba muy abajo, que volaba de pasión y que escuchar que me amabas elevaba mi libido, humedecía mi sexo y endurecía mis pezones que necesitaban tu tacto.

Mi emoción era tan grande que estallé en llanto, cada lagrima que brotaba era un agradecimiento por sentirme tan amada y tan deseada, la emoción que sentía creo que me alejó de mi sentido del tacto y puso a mis oídos y a mi voz a ser protagonistas, auque mi sexo estaba desbordado por tu pene que llegaba a posesionarse de sus terrenos húmedos de deseo, mi placer más infinito y que me llevaba a nuevos orgasmos era escucharte y decirte que me amabas, mi monte de Venus sentía unas contracciones y unos corrientazos muy fuertes cuando me embestías y me decías que me amabas.

Ser tu mujer en todo el sentido de la palabra, fue lo que quise darte en ese encuentro de amor, mi vientre experimentaba el placer del sexo con amor, circunstancia que se manifestaba en humedad y un hormigueo que elevaba mi libido mas allá del placer carnal.

Tu pene que estaba crecido y fuerte, como guerrero al acecho calentaba y regocijaba a mi gruta que deseaba ser poseída por el hombre amado, yo en ese momento era tu mujer, sumisa, enamorada y por qué no decirlo, hipnotizada por la armonía de nuestros cuerpos frotándose en un abrazo de amantes en luna de miel.

Aprendí contigo a hacer el amor, aprendí que hacer el amor es de dos y aprendí que decir te amo es un afrodisíaco infalible, que humedece mi gruta y me hace sentir en la necesidad de despojarme de mi ropa para ser tuya por momentos eternos.

Sentí un orgasmo de amor, sentí como todo mi sexo, se humedeció y tembló de pasión, no encuentro palabra alguna para narrar cómo en un momento solo sentía como mi gruta se envolvía por un halo abrasador, el big bang cundió mi ser, mis pezones estaban muy firmes y esperaban con paciencia a tus besos, mi boca ansiaba cada parte de tu piel y mi gruta quería cerrarse para que tu miembro siempre estuviera poseyéndola.

Igualmente sentí como si una locomotora me atravesara cuando tu deseo culminó en orgasmo, sentí que el semen llegó como mensaje de placer pleno y cómo su advenimiento, hizo que gimieras de esa manera tan especial en que lo haces cuando tu leche brota para ser consumida por mi ser, leche que es tan apetecida por mi y que deseo brote para calmar mi deseo y mi hambre de pasión.

Recordé con cada una de tus caricias que mi cuerpo y su memoria de placer tienen en ti su maestro y su creador, recordé que como mi maestro haz aprendido de cada una de mis sensaciones y que ni yo misma puedo sentir tanto placer y deseo como el que tu me haces sentir al recorrer mi anatomía en la búsqueda del éxtasis.

Mi caballero blanco, de nuevo me hizo sentir como una doncella liberada y feliz, mi alma de nuevo lleno mi cuerpo y mi corazón cumplió su cometido.

Por primera vez, fui tuya sin miedo de pensar que podría ser nuestro último encuentro, esta vez fui tuya queriendo serlo mil veces más si la vida así lo tiene dispuesto, fui tuya con toda libertad y sigo siendo tuya con más libertad.

Siento que te amo tan dulcemente que la armonía que cubre mi alma me emociona hasta las lagrimas, me hace agradecerte cada momento que compartimos y me convence de que el amor es lo mas grande y lo mas especial que tenemos los seres humanos.

Vivo del bello recuerdo de la suave sensación que provoca la apacible calma con la que el alma llena el cuerpo al sentir la felicidad de hacer el amor contigo.